Visitas

Mostrando entradas con la etiqueta Nayla y Edric. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nayla y Edric. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de septiembre de 2012

Mimos bajo el edredón.


Hacía frío y su nariz estaba roja, hacía mucho que no se resfriaba. Con la mirada divertida le observaba desde la cocina mientras preparaba un poco de leche caliente. Metido en la cama, con el edredón tapándole hasta las orejas y esa vocecilla quebrada que le hacía parecer tan indefenso:

- Nay… ¿Estás ahí?
- Sí pequeño mocoso, ahora te llevo la leche.
- Necesito tus mimos…
- ¿Ah sí? ¿Y por qué los necesitas tanto? – Le preguntó con una sonrisa pícara.
- No seas mala, sabes que estoy enfermo, no tengo fuerzas para ir a por ti, cogerte en brazos y traerte hasta aquí en contra de tu voluntad.
- ¿Lo harías?
- Sin dudarlo si pudiera, y nos abrazaríamos y se me pasaría el catarro.
- Eso no pasaría y lo sabes. – Dijo mientras se reía a carcajadas.
- Pues te haría el amor. ¡Eso sí que me daría fuerzas!
- Anda, bébete la leche, luego te haré mimos y dormiremos juntos. Mañana será otro día y te encontrarás mejor.

En situaciones como aquella le tocaba ser la fuerte y controlar sus impulsos, porque se lo hubiese comido a besos, a él y a su debilidad. Pocas veces se le veía necesitado y a Nayla le encantaba cuidar de él aunque, irónicamente, siempre era él quien tenía que cuidar de ella.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Sueños y expectativas.

Desde el primer día una de sus frases preferidas es “tengo una meta, cumplir todos tus sueños”. Probablemente lo intuya pero con esa frase todo el estómago se me llena de esa sensación que todo el mundo llama mariposas. Para mí es más como un sube y baja, como cuando te despiertas en el autobús con miedo de haberte pasado la parada, ese algo que le da emoción a la vida.

Una y otra vez tengo esa sensación de miedo a perderlo todo; siendo realistas, sólo puedes tener ese miedo cuando tienes todo lo que siempre habías deseado, y yo lo tengo. Puede que no volemos por encima de las nubes, pero a mi me gusta que me abrace cuando empieza a llover. Probablemente tampoco tengamos muchas cosas, pero nos bastamos nosotros dos tumbados en la cama para sentirnos plenos. ¿Y en mitad de la noche? Abro los ojos y él siempre está ahí, ese ya es un momento mágico por sí solo aunque Edric no lo sepa.

Aunque no se haya dado cuenta, ya ha cumplido todos mis sueños y expectativas desde la primera vez que le vi.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y entonces me di cuenta, no podría vivir sin ella.


No sé si fue cuando me recibió corriendo con un montón de fotos de nuestro viaje y una sonrisa de oreja a oreja o cuando la vi durmiendo la siesta abrazada a aquel elefante de peluche que le regalé. Puede que fuera en alguna de todas esas veces que frota su nariz contra mi pecho o, por el contrario, en alguna de las que se comporta como si no le importase para luego mirarme con esos ojitos que me dicen “no existiría sin ti”.
Siempre me lo dice y yo le contesto que sí pero que la vida sería diferente, más triste, más gris, en alguna parte.
Ya me había dado cuenta en un principio de lo agradable que resulta que todo tenga sentido sólo porque ella sonríe. También entendí que los malos días se terminan en cuanto ella me abraza. Sin embargo, faltaba alguna pieza por encajar.
Fuera como fuese, en algún momento me di cuenta y ahora estoy seguro. La vida sería diferente, más triste y más gris… ¡Cómo no iba a serlo!  En realidad soy yo quien no podría vivir sin ella.


viernes, 22 de julio de 2011

Si tuviese que elegir...

Creo que se esforzó mucho para que el viaje fuese perfecto. Una tarde quiso llevarme cerca de un lago y se pasó casi tres horas tratando de entender las indicaciones que le daba un hombre en suahili. Me senté sobre una piedra y, divertida, observé cómo fruncía el ceño y movía las manos, parecía que quisiese aturdir a unas moscas inexistentes.
Yo me reía pero no hay mucha gente dispuesta a pelearse con el diccionario en la mano. Repetía todo lo que el señor le decía mientras pasaba las páginas a toda velocidad tratando de comprender.

- Maji... Maji. ¿Nayla qué es maji?
- Agua.
- Eso, agua. ¿Por qué será tan complicado? – Entonces se dirigía al hombre con cara de desesperación – Agua, maji, agua fresca, mucha. ¿Me entiende?
- Nairobi.
- ¿Qué? ¿Nairobi?

Entonces me miró, suspiró y me dedicó una de sus sonrisas. Por el camino iba tratando de recordar las palabras:

- Kulia, eso es derecha. Y después dijo kushoto, izquierda ¿verdad?

Al final llegamos. Me atrevería a decir que en el momento justo, anocheciendo y los dos solos ante aquel maravilloso paraje, como si fuese cosa del destino.


Edric hace que las cosas sean perfectas sin darse cuenta, por eso si tuviese que elegir a una persona para pasar cada segundo de mi vida, le elegiría a él.

jueves, 9 de junio de 2011

Como en casa.


La primera noche en África nos amamos con todas nuestras ganas, casi como si tuviésemos que dejar un pedacito de nuestros cuerpos en aquella cama para el resto de la historia.
Jugué abalanzándome sobre su espalda, revolví los pocos lunares que encontré tratando de encontrar un nuevo destino al que ir y llegué a sus ojos. Un beso, uno de esos tan suyos antes de dormirse, besos que te erizan la piel como si fuesen una descarga.
Se ladeó, cerró los ojos y yo me encaramé a él, en cualquier parte del mundo sintiéndonos como en casa.

jueves, 26 de mayo de 2011

Lo más bonito que he visto en mi vida.

El día anterior preparó la maleta corriendo y lo primero que metió en ella fueron sus tiritas de elefantes. Llevaba queriendo hacer este viaje desde poco después de conocerla pero no pensé que fuese a hacerle tanta ilusión.
En el avión se puso su gorro de safari, quizá creyese que iba a ver elefantes nada más pisar tierra porque, en cuanto lo hizo, puso unos morros enormes. Fuimos al hotel y al cabo de unas horas conseguimos apuntarnos a una de esas excursiones típicas para turistas. Después de unos kilómetros se puso en pie y gritó:

-¡Están allí Edric! ¿Los ves? ¡Allí! ¿No te parecen bonitos?
-Muy bonitos princesa – aunque yo estaba más pendiente de su cara - ¿te gustan?
-Es el mejor regalo que nadie podría haberme hecho. Sólo podías ser tú. Soy tan feliz…

Sonreía con todas sus fuerzas y no paraba de señalar hacia cualquier rincón. Sí, era feliz y se notaba. Se sentó sobre mis rodillas y pasó el resto del viaje abrazándome mientras observaba aquel mágico lugar.
Sensación de plenitud, eso es lo que sentí en aquel instante. Nayla estaba preciosa con toda esa magia dentro; inclinada sobre el borde del vehículo, saltando de un lado para otro, haciendo fotos cada vez que podía… Libre, conmigo.

martes, 17 de mayo de 2011

Viaje hacia los sueños.

-  ¿Quieres ir a verlos? – le susurró Edric para despertarla.
- ¿Ir a dónde? – dijo mientras se frotaba contra la almohada. Abrió los ojos y se abrazó al pequeño peluche. – ¡Sí! ¡Claro que quiero!
- Tengo en mente algo pero no estoy seguro de que te apetezca…
- ¿Qué es?
- Pensé que quizá pudiésemos hacer un viajecito para verlos ¿qué te parece?
- ¿A dónde? ¿Cuándo nos vamos?
- África. Tú y yo. Mañana.

jueves, 14 de abril de 2011

Desvelarnos juntos.

Le miro en plena noche. A veces siento que soy incapaz de dejar de hacerlo, que si me despisto un segundo quizá haya conocido a alguna otra princesa y se haya ido. No puedo dejar de observarle, su boca, su cadera…
Aquí, dormido, conmigo. Me obligo cada vez que me desvelo a controlar mis impulsos de comérmelo a besos. Sólo con rozar su piel de terciopelo le entra un pequeño escalofrío que le pone la carne de gallina, y lo adoro porque entonces sonríe así, sin darse cuenta.
Ahí siempre es cuando él se despierta, me besa y me atrae, me abraza y me sostiene. Damos vueltas en la cama entre arrumacos y, cuando queremos darnos cuenta, estamos otra vez en ese punto.

- Necesitas dormir Edric – le digo entre risas tímidas.
- Dormir es secundario. Tú te desvelas y yo quiero desvelarme contigo.
 
Y después amarse hasta que arda la piel.

jueves, 31 de marzo de 2011

En blanco y negro.

Se había puesto máscara de pestañas y, aunque ella era bella de por sí, estaba hermosa. Casi podía verla en blanco y negro, como esas instantáneas que resaltan los momentos importantes, que le dan un toque de nostalgia a todo. Si pudiese la habría enmarcado en ese mismo instante.

No estaba triste pero tampoco sonreía, sólo miraba al suelo como cuando estás a punto de levantar la vista con timidez, a punto de enamorar a quien tengas enfrente con una sola mirada. Y fue precisamente así como me miró, de la forma más dulce, con el Canon in D sonando de fondo. Ella es magia, elegancia, belleza, bondad… y ahora está aquí, durmiendo a mi lado. No puedo pedir más.

viernes, 4 de marzo de 2011

Respirar.

Después de la tormenta siempre llega la calma, al menos eso dicen.

He pasado las dos últimas noches sin dormir, tan solo mirándola; no puede haber nada más bello. Sólo con pensar en la fuerza que sacó de sí misma, con el miedo que le da perderse ahí fuera, me dan escalofríos. Ya me lo había dicho en alguna ocasión: “Si yo me pierdo y tú no me encuentras…”
Yo siempre le contestaba lo mismo: “Te encontraría allá donde fueras. Tengo un radar que me dice dónde están todas tus sonrisas y hacia dónde se escapan tus lágrimas.”. Sin embargo, me he dado cuenta de que ella es ese radar, mi radar, y si se va… lo pierdo todo.

-¿En qué piensas?- dijo Nayla mientras se frotaba contra su pecho, desperezándose.
-No vuelvas a hacerlo por favor, no vuelvas a irte. Da igual cuantas veces lo pronuncies.
-Ya no hay problema, te quiero, y aunque lo demuestre, ahora decirlo es tan fácil como respirar.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Bajo la tormenta.

Entró en casa y sólo se escuchaba el silencio, le dio mala espina y recorrió toda la casa tratando de encontrarla. En la habitación, sobre la cama, una carta llevaba su nombre.

Querido Edric:
No, no te he abandonado, sabes que sería incapaz; sin embargo me veo en el deber de dejarte tu espacio, aunque sea por unas horas. Ha llegado un punto en el que siento que necesito verte a mi lado todas las mañanas, ver tu sonrisa cuando llegas del trabajo y nos reencontramos, sentir tus caricias mientras lees el periódico en el sofá… Ha llegado ese momento y yo necesito ponerme a prueba.
Te preguntarás que tiene todo eso de malo. Nada, por supuesto, pero he de intentar dar el paso. Quiero que se me clave tan dentro no tenerte que me duela y así, quizá, pueda decirte que te quiero todas las veces que tú te mereces.
Volveré. Probablemente en cuanto cruce la puerta ya me haya arrepentido así que espero que pronto vuelva a estrecharte entre mis brazos. Sí, será pronto, muy pronto; ya sabes que no soporto pasar la noche alejada de ti.

Se guardó la carta en el bolsillo de la chaqueta y miró por la ventana, llovía demasiado así que agarró el paraguas y fue corriendo hasta la puerta. Se la encontró empapada de pies a cabeza.

-¡Nayla! ¿Dónde has estado?
-Te quiero. – dijo tiritando – Te quiero Edric.

Nay había salido en plena tormenta para conseguir decirle que le quería, a pesar de demostrárselo continuamente. La cogió en brazos y la llevó hasta el sofá donde la tapó de pies a cabeza.

-¿Por qué lo has hecho?
-Necesitaba decírtelo, tú te lo mereces.
-Te lo agradezco, y mucho, pero me lo demuestras todos los días. No había necesidad de irse a quién sabe dónde.
-En realidad estaba en un banco del parque desde el que veo perfectamente el edificio. Llevo allí varias horas y en cuanto te vi entrar me entristecí por no estar en casa para darte la bienvenida. Lo siento cariño, de verdad.
-Eres adorable. Ahora que ya estamos juntos… Por favor, dímelo otra vez.
-Te quiero Edric.

lunes, 31 de enero de 2011

Princesa destronada.

Iba vestido con una armadura que le quedaba demasiado grande como para encajar en aquel traje de héroe, pero se le veía capaz. Sobre su frente, aquellos rebeldes mechones castaños empapados en sudor hacían más que evidente la batalla que había librado contra dragones y perros mosqueteros; siempre ha sido de los que hacen de un pequeño bombón una isla de chocolate en la que mantenerse a flote, así que también podía convertir a un perro mosquetero en un cruel villano.
Así le veía yo después de atravesar esa puerta de una patada. Mi héroe, con su pecho moviéndose tratando de conseguir el aire necesario para dar el siguiente paso, avanzaba hacia la cama en la que, dulcemente, dormía su princesa. Y allí estaba ella, tan rubia, tan bella.

-Buenos días princesa – dijo Edric con su dulce voz – comienza otro nuevo día.

 


Lamentablemente yo no era su princesa en ese sueño, pero podía sonreír porque después de toda pesadilla siempre estaba él para desearme un gran día y demostrarme que seguía siendo su princesa.

lunes, 17 de enero de 2011

Tu forma de toser cuando me buscas

- Tienes una tos muy fea Nay, ¿por qué no vamos al médico?
- ¿Y cómo es una tos bonita?
- Pues…
- ¿Lo ves? No existe la tos bonita. Estoy perfectamente, sólo es un poco de catarro.
- Una tos bonita es la que tienes cuando tratas de llamar mi atención; es fina, dulce, atrevida, amorosa. Bonita es tu tos cuando me buscas – Ella tosió sin poder evitarlo y se sonrojó - ¿Te das cuenta?
- Sí, te estoy buscando; tú eres toda la miel que necesito para calmarme.
- Anda ven, te daré un poco de jarabe.


martes, 4 de enero de 2011

Me pierdo por ella.

Tenía las mejillas sonrosadas, la vi arquear la espalda y salió niebla de sus labios en un largo suspiro. Fue entonces y no antes cuando saboreé cada una de sus pestañas, cada milímetro de sus dulces pecas; rompió a reír a carcajadas porque ese era su punto débil, después de hacerle el amor le encanta que quiera comérmela a besos, y a mí también. Se enrolló en las sábanas dejándome al frío aroma de enero después de haber nevado y se rió tímidamente de mis evidentes ganas de envolverme en sus carnes de nuevo, como si tuviera posibilidad alguna de resistirme a sus encantos y, como siempre, volvimos a querernos, a saborearnos.

- Nay, eres perfecta.
- Eres tú que me ves con buenos ojos.
- Estoy enamorado pequeña.


lunes, 20 de diciembre de 2010

Gold Cuvée.

Entré por la puerta después de mi último día de trabajo; empezaban unas vacaciones que necesitábamos los dos. Apenas me dio tiempo a cerrar la puerta y una muchacha impaciente comenzó a tirar de mí con todas sus fuerzas.

-¡Ven, corre! – decía con su vocecilla inquieta, se le clavaba la ilusión en los costados y sonreía como si se le fuesen a rasgar las comisuras. Había preparado bandejas con turrón de todos los colores, bombones y luces, muchas luces. - ¿Te gusta?
-Es precioso cariño, siempre consigues que todo sea más bonito de lo que ya lo es a tu lado. - ¿Qué podía decirle? Tenía un don para hacer que las cosas luciesen con un sentimiento especial y me miraba con esos ojos que hacían imposible negarle nada.
-Y ahora brindemos, tengo una botella fría en la nevera que te va a sorprender. – Fue dando saltitos por la cocina, con los pies descalzos como siempre, y volvió con una botella que no había visto en mi vida. – Gold Cuvée champán con oro de 22 kilates.
-Pero Nay… ¡Eso ha tenido que costarte una barbaridad! Además a ti no te gusta el champán.
-Hoy sí, además a ti te encanta y esto tiene que ser especial. – Me agarró de la mano y me condujo hasta el cuarto de baño; todo estaba cubierto con pétalos de rosa y velas y había dos copas apoyadas al lado de la bañera. – Brindemos.
-¿Por qué?
-Me he enterado de que habrá una lluvia de estrellas dentro de unas horas. Comienzas las vacaciones, se acerca la navidad y tú ya sabes lo mimosa que yo me pongo. Así que hoy me he puesto mi mejor vestido para ti – y era cierto, estaba preciosa – y quiero brindar con champán, con oro y con amor. Por nosotros, porque te quiero Edric y sé que no te lo digo todo lo que debería.

 

Y la besé, y no sé cómo pero sucedió y nosotros y el champán acabamos amándonos en la bañera. Admito que Nayla estaba preciosa en la cena con miles de motitas doradas en la piel brillando a la luz de las velas y que, después de cenar, le quité cada destello con besos; no quedó ni un solo lugar que no brillase, pero de amor.
 


jueves, 2 de diciembre de 2010

Amor de madrugada

Le pican las arrugas de la cama una vez que se ha despertado y, como si de una gata caprichosa se tratase, se frota contra Edric hasta que abre los ojos.

- ¡Qué coincidencia! Yo también acabo de despertarme.
-¿Sí? Pues tendrás que compensar haberme quitado el sueño. – Dice con una sonrisa pícara en los labios.

Le encanta verle así, con los ojos aún cerrados llenándola de besos. La mata de cosquillas mientras Nayla implora su perdón sin contener los movimientos de su cuerpo y entonces sucede… Se tumba sobre ella y puede notarle con ganas de su carne; así es él, amante por naturaleza, como un oso que despierta tras meses sin probar bocado.

-Dime que todavía hay tiempo, dime que puedo amarte como tú te mereces…
-Son las cinco de la mañana. Faltan dos horas para que suene tu despertador y tres horas para que tengas que presentarte en el trabajo. Aunque… - se tomó su tiempo antes de continuar la frase, le encanta mantenerle con la duda – Hoy llueve Edric, y todavía tengo encima a Mickey.
-Eso puedo remediarlo…

A los dos les encanta ese pijama pero en días de lluvia tienen prisa porque desaparezca, prisa por comenzar a amarse para no perder ni un solo segundo.
Cuando todo termina, tanto el cuerpo como el alma se quedan en calma y resurge el niño que llevamos dentro, en especial Nayla que ya de por sí puede pasar de niña a mujer con tan solo rozar una sábana.

 
-Me encanta tu olor. Es como si miles de flores rozasen tu piel y en cada gota de sudor se les escapase un pétalo. ¿Crees que esto será pecado?
-No mi amor, nos queremos y nada que se haga con amor está mal hecho. - ¡Pip pip pip pip! – Tengo que ducharme, pero luego prepararé tostadas y te daré un beso con sabor a fresa antes de irme a trabajar, ¿qué te parece?
-Mmmm – ya podía saborearlo – delicioso.



  

jueves, 25 de noviembre de 2010

Tus ojos me dicen todo lo que tú callas.

Eso es lo que le pasa precisamente hoy a Nayla.
Se ha levantado con el pie izquierdo; bueno en realidad no, pero esa es la expresión que se utiliza cuando empiezas mal el día, y resulta curioso porque ella es de apoyar primero el pie derecho para que todo vaya lo mejor posible. Se miró al espejo y comprendió que hoy no era el día de encariñarse con Edric, debía escapar de toda sus miradas y eso no era tarea fácil. Siempre toma esa decisión cuando está triste; él la conoce y la cuida tanto que es capaz de conocer su estado de ánimo sólo con ver su reflejo en una cucharilla de café.
Cuando entra en la cocina no puede evitar abrazarla; los días en los que ella no le despierta a besos es porque ocurre algo malo. Sus ojos no brillan, su sonrisa no está, y eso le duele; es como cuando te das un golpe en el dedo meñique del pié contra la esquina de algún mueble, pero en el alma.

-Princesa, ¿qué te pasa?
-Hoy no luce el Sol en mi mundo, eso es todo.

Se fue a la habitación dejándola sola con su confesión. Ella se sentó y se concentró en la neblina que salía desde su taza de leche; estaba demasiado caliente para beber pero idónea para calentar el alma. Al cabo de unos minutos, Edric volvió con una lámpara; la apoyó en la mesa, la enchufó, la encendió y dijo:

-Yo siempre estaré dispuesto a darte la luz que necesites Nayla.

Ella sabía que lo decía de verdad y no pudo evitar sonreír. Sus ojos volvieron a brillar y se puso en pie (con el pie derecho) para darle un abrazo de oso: salvaje, dulce y sincero.
 

jueves, 11 de noviembre de 2010

El sabor de sus pecas

Me encanta pasar la yema de los dedos desde la punta de su nariz hasta sus tobillos. Ella se retuerce por las cosquillas y sus pecas parecen enseñarme el camino correcto. Me encanta verla así, tan viva, como todas esas veces que le brillan los ojos por cualquier cosa que otra persona no valoraría. Se le eriza la piel y pone carita de pena, no puedo evitar las ganas de besarla, de recostarme a su lado y sentir su calor. Mi niña, mi dulce Nayla; la única que conoce cada zona de mi cuerpo y de mi alma, la pequeña soñadora que recorre cada una de mis curvas y extensiones. Sólo ella es capaz de desarmar todos mis sentidos y, para entonces, ya estoy muriendo de ganas de que se encaje en cada hueso de mi pelvis. Me obsesiona cuando me espera sentada en el sofá con ese pijama de Mickey que deja ver sus largas piernas, sólo pienso en recorrerlas una y otra vez. Me engancha cuando me clava esa mirada consiguiendo que me derrita desde la otra punta de la casa, deseando saborear cada una de sus pecas. Pero aún así, pese a toda la tensión acumulada me inspira ternura. Mi princesa, usualmente pícara pero siempre pequeña, delicada, confiada, ingenua... Dice que sería capaz de cualquier cosa si una sola noche no puede dormir a mi lado, y yo soy incapaz de ponerla a prueba porque si no siento su piel pierdo el Norte, el Sur y todos los puntos cardinales. Soy incapaz de no cuidarla…

lunes, 8 de noviembre de 2010

Día de feriantes.

Le encanta ir por las fiestas de los pueblos; ve todos esos niños con sus ojos centelleantes tratando de convencer a sus padres para que les compren un globo y no puede evitar sonreír. A Nayla le gustaban esas cosas; corría como si fuese una chiquilla hacia los puestos de algodón de azúcar y, con un dedo sobre los labios, meditaba durante largo rato sobre que color le apetecía más comerse; todo le sabe a feria, el algodón de azúcar, las almendras garrapiñadas, las manzanas de caramelo… Se lo come siempre a bocados enormes, como si se quisiese tragar el mundo, y se ríe a carcajadas mientras los niños que no han convencido a sus padres la miran con odio. A Edric le gusta verla así, como una chiquilla, saltando de puesto en puesto y risueña entre todas esas luces de neón. Siempre, antes de irse a casa, buscan a uno de esos vendedores de globos de Helio que van con su bombona a cuestas y allí pasan otros cinco minutos mientras ella elige si prefiere adoptar una estrella, un Pokemon descolorido ya por el olvido o un unicornio entre otros muchos.
Mientras vuelven en coche a casa ella siempre le dice lo bonito que es su globo y lo mucho que lo va a cuidar para que dure para siempre. A menudo, cuando adopta una estrella, le cuenta que las estrellas del cielo le cogen más cariño por cuidar a aquellas que se han perdido en la Tierra. Ya en casa, ata el globo a la silla de su cuarto y se pone rápidamente esa camiseta vieja que le sirve de pijama para esperarlo en la cama. Le encanta el momento en el que se abrazan bajo las sábanas y  comienzan a jugar boca contra boca; un juego en el que, aunque fuera estén varios grados bajo cero, acaban piel con piel en una cama que rara vez baja de los treinta grados porque se aman, se envuelven y se aproximan hasta volverse niños, hasta empaparse de felicidad.
Edric no le quita ojo, le gusta ver como pasa de niña a mujer con sólo meterse en la cama y de mujer a niña cuando ambos explotan, y cuando todo acaba se queda allí acariciándole el pelo mientras hablan:
- Me encantan los días de fiesta contigo. Por las mañanas te afeitas y me preparas el desayuno con esas magdalenas rellenas de chocolate que tanto te gustan y, a lo largo del día, siempre tienes un ratito para llevarme al cielo.
- Te llevaría al cielo todas las veces que me dejases.
- Mañana, si no llueve, podemos ir a saltar piedras ¿verdad?
- Sí Nay, y te amaré en cada piedra que saltes.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Elefantes que ayudan a amar.

- Pero… ¿cómo te has hecho eso? – Se acercó a ella corriendo y examinó su rodilla magullada con todo el tacto que pudo – Ven, que vamos a ver que podemos hacer para arreglarlo.
A ella le gustaba que nunca juzgase sus errores y que siempre estuviera allí cuando llegaba herida para hacerle el “sana sana” como cuando era pequeña. A veces incluso fingía un poquito de cojera, los años de práctica consiguieron que resultara creíble. Pero había ocasiones en las que se hacía daño de verdad y él sabía distinguir perfectamente esos momentos de los otros porque, si le dolía, en cuanto entraba por la puerta a él se le partía el alma.
Es como un ritual. Él la lleva en brazos hasta la habitación y cuidadosamente la posa en la cama; ella se recuesta mientras pone pucheros y jura que le duele mucho; va al baño, coge Betadine y una gasa y regresa.
- A ver, ¿qué tirita quieres que te ponga? – sabía que a ella le encantaba ese momento, las miraba una por una pero siempre acababa eligiendo las que tenían aquellos elefantes mal pintados.
- ¡Esta! Esos elefantes parecen tan doloridos como yo.
Después, mientras la mira a los ojos,  siempre le da un delicado beso sobre la tirita y ella comienza a hacerle gestos con las manos para que se acerque; él nunca se hace de rogar.
- ¿Estás mejor? – pregunta mientras se recuesta a su lado y la abraza.
- Creo que sí, pero ahora tengo que agradecértelo.

Acaban siempre con las sábanas revueltas y el corazón rebosante de felicidad.
- ¿Y tú tirita? – le pregunta mientras la tapa de nuevo.
-  Creo que los elefantes nos han dejado solos en el momento justo. – Asegura mientras se sonroja – ¿Sabes? Alguna vez me gustaría viajar a África, siento el deber moral de agradecerles estos momentos de intimidad contigo, además… Todas mis tiritas deben estar allí.

¿De qué te gustan las tiritas?