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martes, 10 de mayo de 2011

No vuelvas a llamar.

Después de tanto tiempo sigo pensando que tú tuviste que aparecer en mi vida por algún motivo. Fuiste una rosa, el rosal entero, pero ahora cumples a la perfección la definición de espina. Te me has clavado y no puedo sacarte. Lo intenté por todos los medios, me hice sangre, tiré con todas mis fuerzas y lo único que conseguí fue que me dolieras más, echarte más de menos.
Yo siempre fui de dedicarte canciones, tú lo sabes allá donde estés, pero desde que te fuiste parece que todo se ha silenciado, hasta el llanto. Los cantautores me cantan al oído que hay más peces en el mar y yo te juro que busco por todas partes pero no veo la salida de esta pecera.

Rafa Pons nos lo gritó aquella noche y yo no quise creerle:


Supongo que esta canción no suena a primavera,
que más que componerla descompongo pedazos de verdad.
Supongo que debo de estar triste cuando lloro
pero hay cosas que se tienen que hacer solo…
No vuelvas a llamar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Poetas de la desgracia, supongo.

Es tan corto el amor y tan largo el olvido…

Sigo sin poder olvidar tu aroma y te aseguro que me gustaría. Ahora el único sabor que relaciono con tus labios es el amargo que me dejaste con tu último beso.

- Pablo, lo siento pero no me das todo lo que necesito y él sí.

¿Él? ¿Quién era él? Me gustaría saberlo aunque probablemente ya no se encuentre entre las llamadas recientes de tu teléfono móvil, al fin y al cabo eso es lo que has hecho siempre.

jueves, 20 de enero de 2011

Río por el frío.

Son eternos los días sin ti, princesa destronada. Decidiste marcharte de mi cuento y me gustaría saber… ¿Cómo reino ahora sin ti? Porque a pesar de tu veneno aún necesito de tus besos, de tu compañía, aunque ni siquiera sepas que sigo entre tus brazos cada noche en la distancia. De todas formas, ya hace muchos días que te fuiste, quien sabe la de nombres que habrán pasado entre tus piernas.

¿Cómo era aquella canción que tanto te gustaba?

Ruido me machaca y se me clava en los oídos cada vez que me faltas.
Finos son tus dedos los que mueven mis hilos, los que a veces me atan.
Vivo pero me muero cada vez que te has ido y me has dejado sin nada.
Río y si me acuerdo de ti es por que el frío me aconseja que lo haga.

Pues eso, por desgracia.

martes, 21 de diciembre de 2010

Neruda volvió a asomarse esta noche.

Traté de impedirlo pero sucedió y la lluvia comenzó a mojar la ventana cuando empecé a escribirte de nuevo. He intentado controlarme pero no hay forma; vuelvo a lo mismo, a escribirte cosas que ya no puedo decirte y que nunca quisiste escuchar. ¿Y si llamases a mi puerta en este instante? ¿Y si volvieses para acunarte entre mis brazos? Pero no, eso no va a suceder; te marchaste con tu aire de niña-mujer, quién sabe ya dónde estarás, o con quién.
No queda más remedio que seguir, aunque se me rompa el alma en cada paso, aunque tenga que arrastrarme para conseguirlo. Sí, ya lo dijo el maestro:

Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Más Neruda que García.

Te escribo una carta hoy, el mismo día en el que te has ido, y créeme que me cuesta no llorar aunque tú siempre creíste que no era capaz de sentir nada tan dentro como para hacerlo.

Me gustaría que me vieses hoy aquí, respirando tu aroma en esta almohada, y te dieses cuenta de que tú ya eras parte de mi vida. Aún así te empeñaste en irte diciendo que necesitabas algo más, quién sabe qué.

Siempre bromeaste con mi nombre; decías que tenía que llevar un Pablo Neruda escondido en alguna parte de mí, aunque no lo encontraste nunca. Hoy me he descubierto más Neruda que García cuando, sin poder evitarlo, han venido a mi alma algunos de los versos del maestro:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Quién sabe… Quizá ahora te gustase un poco más, o un poco menos, pero ya te has ido.