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lunes, 12 de marzo de 2012

Las primeras flores.

Va por la calle ensimismada, con la cabeza gacha y los ojos apuntando directamente al suelo. De pronto un golpe en el brazo le sacude todo el cuerpo. ¡Perdón! ¡Disculpe!

Personas demasiado ocupadas como para reparar en sus ojos llorosos, gente demasiado corriente como para atender a sus semejantes. En cambio ella se para al pie de un jardín y observa la primera margarita que ha aparecido como por arte de magia. Se acerca la primavera, el sol le ilumina la cara consiguiendo que camine con un poco más de firmeza y trata de creer que sí, que ella es bella, como esa margarita, y que sucederá… Alguien, lo suficientemente atento y no lo bastante ocupado, se fijará en ella.

miércoles, 18 de enero de 2012

Esperando al pasado.

Suele recogerse el pelo en la parte alta de la cabeza y ponerse algún accesorio que desvíe cualquier mirada de sus ojos.

Carolina es una de tantas mujeres que se sienten poca cosa pero que en realidad son un universo entero.

La conozco desde hace años y nunca me mantiene la mirada durante un minuto entero. Una vez me habló de él, de aquel chico que consiguió hacerla sonreír, y fue entonces cuando me di cuenta: todavía sigue esperando a que aparezca quien la haga valorarse de la misma manera.

Y tú, ¿esperas a alguien?

martes, 4 de octubre de 2011

Recuerdos.





Vivía sumergida en sus recuerdos, en aquel hombre que la llevó al cielo y le enseñó un mundo mejor. Sumergía la cabeza en su almohada y el olor a vainilla le impregnaba el alma. Todavía estaba allí, como cuando aún se quería un poco a sí misma.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Carolina

Carolina siempre fue una chica corriente. Algunas impresionan por su cuerpo, otras por su mirada, por su pelo o por su forma de hablar; sin embargo Carolina era de esas que, a simple vista, no llaman mucho la atención.
 

Siempre se mira en el espejo tratando de descubrir aquellos contras que hacen que nadie se interese por ella. Se agarra el típico michelín para averiguar si ya es demasiado evidente como para pasarlo por alto. Se revuelve el pelo preguntándose en qué momento dejó de tener ese brillo que se ve en televisión. Se contonea y examina más de lo que pueda llegar a hacerlo un médico y es que, al final, sólo se encuentra defectos.



Trata de repetirse aquella frase que le decían de niña: A veces cuesta mucho más eliminar un solo defecto que adquirir cien virtudes.

Enciende la radio y suena M-Clan con su clásico:

Carolina, trátame bien,
no te rías de mí,
no me arranques la piel.

Suspira y piensa: ¡Que ironía!