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miércoles, 9 de mayo de 2012

Era.


Era cuando tú aparecías y me rodeabas con tus brazos o cuando volvías después de meses sin saber de ti. Era entonces, y no ahora, cuando tiritaba; porque era en aquellos momentos en los que un frío repentino me invadía al pensar en qué momento volverías a marcharte.
Ya no tirito, ni tiemblo. Me he acostumbrado a esperarte, y hasta que vuelvas estaré aquí, firme como si nunca me hubieses faltado. Esa es la ironía de todo esto; tú estás en quién sabe dónde y con quién, sin echarme de menos, mientras que yo sigo aquí tratando, sin éxito, de recuperar la vida que me robaste desde aquel preciso instante en que tu mirada se cruzó con la mía.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Sueños y expectativas.

Desde el primer día una de sus frases preferidas es “tengo una meta, cumplir todos tus sueños”. Probablemente lo intuya pero con esa frase todo el estómago se me llena de esa sensación que todo el mundo llama mariposas. Para mí es más como un sube y baja, como cuando te despiertas en el autobús con miedo de haberte pasado la parada, ese algo que le da emoción a la vida.

Una y otra vez tengo esa sensación de miedo a perderlo todo; siendo realistas, sólo puedes tener ese miedo cuando tienes todo lo que siempre habías deseado, y yo lo tengo. Puede que no volemos por encima de las nubes, pero a mi me gusta que me abrace cuando empieza a llover. Probablemente tampoco tengamos muchas cosas, pero nos bastamos nosotros dos tumbados en la cama para sentirnos plenos. ¿Y en mitad de la noche? Abro los ojos y él siempre está ahí, ese ya es un momento mágico por sí solo aunque Edric no lo sepa.

Aunque no se haya dado cuenta, ya ha cumplido todos mis sueños y expectativas desde la primera vez que le vi.

lunes, 12 de marzo de 2012

Las primeras flores.

Va por la calle ensimismada, con la cabeza gacha y los ojos apuntando directamente al suelo. De pronto un golpe en el brazo le sacude todo el cuerpo. ¡Perdón! ¡Disculpe!

Personas demasiado ocupadas como para reparar en sus ojos llorosos, gente demasiado corriente como para atender a sus semejantes. En cambio ella se para al pie de un jardín y observa la primera margarita que ha aparecido como por arte de magia. Se acerca la primavera, el sol le ilumina la cara consiguiendo que camine con un poco más de firmeza y trata de creer que sí, que ella es bella, como esa margarita, y que sucederá… Alguien, lo suficientemente atento y no lo bastante ocupado, se fijará en ella.

jueves, 1 de marzo de 2012

Podrías haber sido tanto.

Te buscaba, pero acostumbrabas a aparecer cuando ya había dejado de hacerlo. Dolías, y cuando ya no lo hacías volvías para reabrir mi herida. Besabas, casi como si quisieses arrancarme el corazón del pecho, como esos besos sin modales ni pretextos. Me mirabas, pero lo que al principio iba cargado de sentimientos se quedó vacío y empezó a quemar igual que el hielo.
En eso te resumes tú, una historia sin fin de idas y venidas en la que cada día hacía un poco más de daño que el día anterior. Porque siendo sinceros, no te importé nada. No te importó que mis labios sólo supiesen susurrar tu nombre, ni que hubiese sido capaz de darlo todo por ti.
Aparentemente para mí en aquel momento no había fallo alguno, todo parecía encajar y yo creía ser feliz; sin embargo la realidad siempre había sido muy distinta. Ahora lo recuerdo y pienso: ya pasó... Sí, ya pasó.

Tú podrías haber sido tanto… Pero quisiste quedarte solamente en tan poco, y no me arrepiento.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Sin traiciones.

Se cuelan los últimos rayos del sol por la ventana y me doy cuenta de que Hermes está más contento que de costumbre. Le observo acurrucada desde el sofá mientras trato de comprender y de encajar todas las piezas y esa última nota: 

"Esta historia acaba de empezar.”

Suena el timbre y salgo del atontamiento que me invade para abrir la puerta. Ahí está. Es aquel chico que me miraba desde la calle hace bastante tiempo. ¿Cómo tiene el valor de presentarse aquí sin conocerme? Mi primera reacción es de cerrar la puerta pero por algún motivo estoy paralizada mirando sus ojos. Sonríe, no entiendo por qué, y Hermes parece divertirse con todo esto porque no deja de revolotear por toda su jaula.

- Perdona que me presente aquí, así sin más, a estas horas… – le miro estupefacta – Créeme, no vengo a asaltar tu casa ni nada parecido.
- ¿Por qué me mirabas aquél día?
- ¡Vaya! No esperaba que te acordases… La verdad es que todo empezó en aquel momento pero lo entenderás todo cuando veas esto. – Deja sobre mis manos un paquete enorme. – Creo que ya es hora de que me vaya, buenas noches.

Cierro la puerta y dejo sobre la mesa el paquete. Con los dedos voy despegando las esquinas del papel y veo un cuadro y una carta.

“Sé que es una forma muy cobarde de explicártelo pero al menos he tenido el coraje de entregarte esto yo mismo. El primer día que te vi supe que algo te entristecía y desde entonces paso más por tu calle que por la mía. Un día me senté en un banco a observarte y de ahí viene todo este jaleo. Quería hacerte feliz, lo necesitaba, y con el paso de los días conseguí sacarte sonrisas, aunque fuesen pequeñas. Es una locura, pero no soporto verte triste a través de esa ventana. Quiero que seamos como dos corazones, sin traiciones, con palpitaciones sin usar.”

Dejo la carta a un lado y miro hacia el cuadro… Es un dibujo hecho por él en el que se me ve en la ventana. Me ha dibujado una sonrisa.

miércoles, 25 de enero de 2012

Recuerdos enquistados.

Recuerdo todas aquellas noches esperando ver como se iluminaba la pantalla de mi móvil, rodeada de gente a la que yo no le importaba y de personas que no me entusiasmaban. Todo se detenía en el preciso instante en que brillaba tu número y yo sonreía como lo hacen las niñas ilusionadas porque, al fin y al cabo, eso es lo que era.

Todas las noches el mismo ritual, tú me preguntabas dónde estaba y yo no hacía otra cosa que mirar hacia la puerta del local pero por allí sólo pasaba el tiempo. Cuando ya había perdido toda la esperanza llegabas por sorpresa y por la espalda, deslizando tus manos por mi cadera forzando un abrazo demasiado extraño. ¿Y sabes qué era lo peor? Que no me importaba. Tu colonia siempre estaba haciendo de las suyas, provocando y quemándome por dentro; es un aroma que a día de hoy todavía no he conseguido olvidar a pesar de que ya no seas más que un párrafo del libro que algún día podría contar mi vida.

Eso es lo triste de todo esto, que aunque no quieras algunos recuerdos se enquistan y siguen sacándote una sonrisa con el paso del tiempo. Eso es lo que haces tú porque, no nos engañemos, aunque no fueses de fiar tus abrazos a medio gas eran por aquel entonces lo mejor de mis semanas.

miércoles, 18 de enero de 2012

Esperando al pasado.

Suele recogerse el pelo en la parte alta de la cabeza y ponerse algún accesorio que desvíe cualquier mirada de sus ojos.

Carolina es una de tantas mujeres que se sienten poca cosa pero que en realidad son un universo entero.

La conozco desde hace años y nunca me mantiene la mirada durante un minuto entero. Una vez me habló de él, de aquel chico que consiguió hacerla sonreír, y fue entonces cuando me di cuenta: todavía sigue esperando a que aparezca quien la haga valorarse de la misma manera.

Y tú, ¿esperas a alguien?

martes, 10 de enero de 2012

Sueños casi cumplidos.

Hoy le molesta un poco más que ayer pero un poco menos que mañana. Es lo que se suele decir, porque a medida que pasa el tiempo aumentan las ganas.
Cada noche hacen conjeturas: cómo serán sus ojos, cómo será su pelo… Porque cuando te arrebatan lo que más quieres sólo deseas recuperarlo y ellos lo estaban consiguiendo.
Luis, tumbado a su lado, se acercó a ella y paso su mano lentamente por su vientre. Una patada, ahí estaba, como si de un milagro se tratase. Sonrió y la besó todas las veces que pudo hasta que le dolieron los labios.

- ¿Lo ves? Te dije que llegaría.

Abrazados cerraron los ojos dispuestos a dormir porque soñar… Ya estaban soñando.

martes, 20 de diciembre de 2011

A veces es mejor no saber.


Cuando te entre la curiosidad y quieras hacer una pregunta debes pararte a pensar si verdaderamente estás preparado para escuchar la respuesta. Ya se sabe que la curiosidad mató al gato y una vez pronunciada la pregunta no se puede volver el tiempo atrás.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y entonces me di cuenta, no podría vivir sin ella.


No sé si fue cuando me recibió corriendo con un montón de fotos de nuestro viaje y una sonrisa de oreja a oreja o cuando la vi durmiendo la siesta abrazada a aquel elefante de peluche que le regalé. Puede que fuera en alguna de todas esas veces que frota su nariz contra mi pecho o, por el contrario, en alguna de las que se comporta como si no le importase para luego mirarme con esos ojitos que me dicen “no existiría sin ti”.
Siempre me lo dice y yo le contesto que sí pero que la vida sería diferente, más triste, más gris, en alguna parte.
Ya me había dado cuenta en un principio de lo agradable que resulta que todo tenga sentido sólo porque ella sonríe. También entendí que los malos días se terminan en cuanto ella me abraza. Sin embargo, faltaba alguna pieza por encajar.
Fuera como fuese, en algún momento me di cuenta y ahora estoy seguro. La vida sería diferente, más triste y más gris… ¡Cómo no iba a serlo!  En realidad soy yo quien no podría vivir sin ella.