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miércoles, 18 de enero de 2012

Esperando al pasado.

Suele recogerse el pelo en la parte alta de la cabeza y ponerse algún accesorio que desvíe cualquier mirada de sus ojos.

Carolina es una de tantas mujeres que se sienten poca cosa pero que en realidad son un universo entero.

La conozco desde hace años y nunca me mantiene la mirada durante un minuto entero. Una vez me habló de él, de aquel chico que consiguió hacerla sonreír, y fue entonces cuando me di cuenta: todavía sigue esperando a que aparezca quien la haga valorarse de la misma manera.

Y tú, ¿esperas a alguien?

martes, 10 de enero de 2012

Sueños casi cumplidos.

Hoy le molesta un poco más que ayer pero un poco menos que mañana. Es lo que se suele decir, porque a medida que pasa el tiempo aumentan las ganas.
Cada noche hacen conjeturas: cómo serán sus ojos, cómo será su pelo… Porque cuando te arrebatan lo que más quieres sólo deseas recuperarlo y ellos lo estaban consiguiendo.
Luis, tumbado a su lado, se acercó a ella y paso su mano lentamente por su vientre. Una patada, ahí estaba, como si de un milagro se tratase. Sonrió y la besó todas las veces que pudo hasta que le dolieron los labios.

- ¿Lo ves? Te dije que llegaría.

Abrazados cerraron los ojos dispuestos a dormir porque soñar… Ya estaban soñando.

martes, 20 de diciembre de 2011

A veces es mejor no saber.


Cuando te entre la curiosidad y quieras hacer una pregunta debes pararte a pensar si verdaderamente estás preparado para escuchar la respuesta. Ya se sabe que la curiosidad mató al gato y una vez pronunciada la pregunta no se puede volver el tiempo atrás.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y entonces me di cuenta, no podría vivir sin ella.


No sé si fue cuando me recibió corriendo con un montón de fotos de nuestro viaje y una sonrisa de oreja a oreja o cuando la vi durmiendo la siesta abrazada a aquel elefante de peluche que le regalé. Puede que fuera en alguna de todas esas veces que frota su nariz contra mi pecho o, por el contrario, en alguna de las que se comporta como si no le importase para luego mirarme con esos ojitos que me dicen “no existiría sin ti”.
Siempre me lo dice y yo le contesto que sí pero que la vida sería diferente, más triste, más gris, en alguna parte.
Ya me había dado cuenta en un principio de lo agradable que resulta que todo tenga sentido sólo porque ella sonríe. También entendí que los malos días se terminan en cuanto ella me abraza. Sin embargo, faltaba alguna pieza por encajar.
Fuera como fuese, en algún momento me di cuenta y ahora estoy seguro. La vida sería diferente, más triste y más gris… ¡Cómo no iba a serlo!  En realidad soy yo quien no podría vivir sin ella.


martes, 22 de noviembre de 2011

Cálida y viva.


Nos obligamos a coincidir en la calle al menos una vez al día. Eres como el pan de la comida y yo ya no sé como hacer para despegarme de esa necesidad que me producen cada uno de tus años.
Daría lo que fuera para que esta misma noche abandonases esa monotonía y vinieses aquí conmigo, te prometo que podría hacerte feliz. Sin embargo aquí seguimos y parece casi indecente esto que nos une cada madrugada; tú a las seis enciendes la luz y yo a menos cinco ya tengo desbocados mis latidos. Por una vez quiero sentirte cálida y viva, tampoco es mucho pedir.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La magia de esconderse.


Recuerda que si te escondes no podrá llegar a ti ni lo malo ni lo bueno.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Deseos de cosas imposibles.


Quise mantener en el tiempo esa mirada pero no pude, supongo que las cosas bonitas están hechas para no durar. No voy a marcar tu teléfono ni a oler la poca ropa que dejaste aquí, me niego. Demasiadas veces todo eso no ha servido para nada y esta no va a ser una excepción. ¿Quién sabe? Puede que dentro de un tiempo vuelvas a asomarte por aquí y yo como siempre te reciba con una tostada y dos besos, porque al fin y al cabo todo el mundo sabe que el mejor sitio para la mermelada es tu piel.
Siempre te vas y siempre vuelves, como si supieses que me he quedado aquí esperándote día tras día, como si tuvieras la seguridad de que siempre dejo la puerta entreabierta por si acaso, como si te imaginaras que todas las mañanas preparo desayuno para dos y que tu sitio jamás lo ocupará nadie por mucho tiempo que lo dejes vacío. Pero por una vez me voy a permitir soñar que no, que no vas a volver, y así cuando vuelvas quizá me veas distinta y quieras quedarte.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Curiosidad o miedo a sentir.


El infinito… ¿Había algo más eterno que eso? No podía dejar de darle vueltas. Cada día sonaba el timbre y aparecía otra cosa más con aquella frase. Tenía ya la mesa llena: los bombones, la caja con el barco de papel, una rosa de origami, un libro que prometía ser conmovedor, una foto de un lago nevado…

Sentía una mezcla entre curiosidad, felicidad y vergüenza. No sabía si aquello era una broma o un soplo de aire fresco. No podía tener la certeza de que no estaban jugando con ella de nuevo pero, a pesar de sus miedos, era incapaz de tirar todo aquello que estaba inundando su casa.

Sin darse cuenta había empezado a acostumbrarse. Daba de comer a Hermes mientras miraba el reloj esperando a que el timbre sonase. Tenía la eternidad y el infinito ante sus ojos y ni siquiera se había dado cuenta.

¿Quién puede rechazar el infinito?

martes, 4 de octubre de 2011

Recuerdos.





Vivía sumergida en sus recuerdos, en aquel hombre que la llevó al cielo y le enseñó un mundo mejor. Sumergía la cabeza en su almohada y el olor a vainilla le impregnaba el alma. Todavía estaba allí, como cuando aún se quería un poco a sí misma.


lunes, 26 de septiembre de 2011

I belong to you, you belong to me.


Estamos ahí, punto y final o punto y seguido. Yo la sigo a trompicones escaleras arriba hasta llegar al descansillo, la acorralo en la puerta y la beso mientras hago girar la llave. Se arrodilla en el sofá mientras me clava ese mar que tiene en la mirada, la devoraría en este mismo instante.
Su respiración poniendo a prueba mi oído, sus labios color carmesí, la curva de su espalda… Todo resalta ante su desnudez. Me abalanzo y ella me esquiva. Jugamos en nuestro propio mundo sabiendo que, después de todo este tiempo, seguimos ardiendo con el deseo tanto o más que el primer día. La persigo y nos rozamos, cada vez más despacio, hasta acabar acostados sobre el colchón. La miro, ahora mismo, me deleito y me pierdo por el amor que siento por ella.
Con un dedo sigo la forma de sus labios y voy dibujando una línea que baja por su cuello, por sus costillas, por sus caderas, más allá… La beso como si mañana fuese a acabarse el mundo porque, si llega a suceder, no quiero quedarme con las ganas.
¿Y qué si sus labios han perdido el color de tanto amarnos? Yo la deseo así, ardientemente, desde la piel hasta el alma.